Un Lugar Septentrional en Un País Tropical

Así definió a la Loma de Puntalarga un eminente maestro francés en viticultura. Efectivamente, embebida en el magnífico paisaje de Valle del Sol, a baja latitud y elevada altitud, esta loma de rituales precolombinos, cuenta a lo largo del año en suficiencia, con calor diurno pero también con frío nocturno. Dones de la insistente presencia solar y de la transparencia del cielo. Durante los días cortos que les sean necesarios, las cepas pueden madurar sus uvas lentamente y al mismo tiempo completamente, en un otoño grandioso. Y además, a la par que maduran las uvas, experimentan junto a ellas, enriqueciendo a su potencial sensorial, la acción combinada del aporte radiante del sol, sin merma estacional y los efectos del gran cambio de temperatura entre el día y la noche. En coherencia con el entorno microclimático están nuestras cepas y su consorte, el suelo. Sensibles ellas, por su baja estabilidad genética, capaces de registrar con fidelidad en las uvas, los rasgos del territorio de origen. Coluvial y adusto él, bermejo descendiente de los colosales procesos geológicos del río Chicamocha. Modula desde lo profundo, la respuesta de la cepa al entorno y el carácter del vino, a las vez plenamente regional y de calidad internacional: es el vino de la tierra, nuestro terroir.

MQR 14.08.09

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